Una semblanza acerca del III Congreso de la Lengua Española por Rodrigo Roger
Martes, 4 de Agosto de 2009 por Rodrigo Roger
¿Rosario, Argentina?, 17 de noviembre de 2004, hora 14:00.-
Una postal de ciudad sitiada. Calles vacías, sin vida. Seguridad por todos lados. Patrulleros de aquí y de allá, centuriones de la guardia municipal, civiles que no lo son.-
-Documentos por favor, ¿usted es vecino?
-Identifiquese, por aquí no puede pasar, el tránsito está cortado porque pasan los reyes y su comitiva.
-Pero es que yo vivo aquí, lo hice toda mi vida.
-Lo lamento, venga más tarde.
Patéticos diálogos como este se vivieron ayer en nuestra Rosario “acongresada”. Esta vez nos acorralaron en nuestras esquinas, en nuestras casas, en nuestros barrios.- Mientras un grupo de acreditados discutía sobre los vaivenes de nuestra lengua, la gente, esa argamasa de historias cotidianas que da vida a una ciudad, no podía siquiera acceder al derecho de transitar libremente por sus calles.
Esto es sencillamente insoportable.
Que unos pocos se arroguen el privilegio de acceder a un congreso cuya finalidad última (y por supuesto no manifestada) es la de encorcetar al riquísimo idioma que tenemos el privilegio de hablar, no deja de ser nefasto, aún cuando afortunadamente, nuestra lengua, indiferente ante tanta estupidez humana se resignifica a diario en millones de voces que la hablan, con sus localías, con sus regionalismos, con sus entonaciones tan bellas y tan distintas, con sus nuevos y cambiantes vocablos.-
El congreso de la lengua no deja de ser un lamentable intento de carcamanes trasnochados por no perder la “pureza del idioma”, pretendiendo asistir como socios fundadores de una nueva instancia de conquista que ya lleva unos 500 años de desventuras.- Nunca la búsqueda de “purezas” resistió el paso de la historia y sus consecuencias fueron siempre lamentables para la humanidad.-
Pero que esta función privada, a la que unos pocos asisten, paralice el ritmo de mi ciudad y de sus calles y moleste a sus ciudadanos que se ven compelidos a un encierro involuntario, ESTO ES DEMASIADO.-
Para quien firma estas líneas, el mentado congreso de la lengua, no deja de tener, a pesar de las obras de embellecimiento, a pesar de los fuegos de artificio, a pesar de la proyección de nuestra Rosario como ciudad cosmopolita, un asqueroso sabor a fruta podrida.-
Rodrigo Roger
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